Descripción
Impresionante espejo pintado chino, o espejo con pintura invertida, original de la época de la dinastía Qing, hacia finales del siglo XIX. En él se representan diversas escenas tradicionales siguiendo una disposición y narrativa vertical. Diferentes escenas con elementos simbólicos y auspiciosos enmarcan a figuras reales y sus sirvientes, todos vestidos con coloridas vestimentas tradicionales, con un tema común: la familia, el hogar y la felicidad. Aparecen figuras humanas en entornos naturales, así como vegetación, montañas, pagodas…
En este tipo de pinturas, las figuras humanas suelen estar delineadas con finas líneas negras, después esos contornos se llenan con diversos colores y se aplican en diferentes áreas para formar los detalles. Los colores que predominan en este tipo de pinturas son: cinabrio, oropimente, blanco de plomo, azurita, malaquita, rojo plomo… todos ellos tonos vibrantes. Tras aplicar los colores, se sobrepone una capa fina de pintura blanca, para hacer el fondo del reverso de la pintura (las pinturas de vidrio inverso que no son de origen chino utilizan el color negro para intensificar los colores).
En la parte superior encontramos las pagodas, edificios típicos de los países asiáticos. La mayoría de estos edificios se construyeron con propósitos religiosos, como parte del budismo y del taoísmo. Inmediatamente después aparece un buey, animal que simboliza la fuerza, la prosperidad o la conexión con la naturaleza. Junto al buey, encontramos unas aves volando, que pueden representar la libertad, y una pareja de mujeres junto con dos niños, que visten trajes tradicionales. En el nivel inferior, otras dos figuras: un hombre vestido con un traje tradicional y un Buda recostado; en este caso símbolo de felicidad, abundancia y prosperidad.
Por último, unos sabios. El que aparece subido al ciervo probablemente sea un Luohan, un ser iluminado del budismo. La unión entre el ciervo y el sabio simboliza la búsqueda de la inmortalidad y la armonía con la naturaleza, ya que el ciervo es un símbolo de longevidad, buena fortuna y prosperidad. Un elemento a destacar es que en el traje del hombre de la izquierda aparecen símbolos del yin y yang. El hombre de la derecha aparece montado en una especie de palanquín o carro.
Destaca también la presencia de nubes rodeando a casi todas las figuras, creando un entorno divino o celestial. Las nubes crean un fondo etéreo y onírico, algo característico de las representaciones de paisajes celestiales del arte asiático tradicional. La obra está enmarcada en un marco de madera con una percha de bronce que sigue la estética oriental.
La Dinastía Qing (1644-1912) fue la última dinastía imperial de China, gobernada por los manchúes, un grupo étnico que se originó en el noreste de China. Esta dinastía desempeñó un papel fundamental en la historia de China, marcando un periodo de gran expansión territorial, intercambios culturales y también desafíos internos y externos que llevaron finalmente al fin del sistema imperial. Por su parte, Tongzhi (1862-1875) fue el título de reinado del Emperador Tongzhi, el décimo emperador de la Dinastía Qing. Su reinado abarca un periodo breve pero significativo en la historia de China, marcado por intentos de modernización y la influencia política de su madre, la poderosa emperatriz viuda Cixi.



























