Descripción
Excepcional óleo sobre tabla de origen holandés y temática costumbrista, siglo XIX, siguiendo el estilo y características de la conocidísima pintura de género holandesa del Siglo de Oro. En ella se representa una animada escena de interior con personajes populares alrededor de una mesa, un niño y un pequeño perro a los pies. Los personajes visten sombreros de ala ancha, jubones, cuellos de encaje y las características cofias e indumentarias tradicionales de las mujeres. Captura un momento cotidiano y espontáneo, lleno de realismo y sin idealizaciones heroicas o religiosas.
Como es habitual, se trata de una escena oscura, iluminada únicamente por un foco de luz central, que apenas permite apreciar los elementos del fondo, las paredes del hogar. En cuanto a la paleta de colores, predominan los tonos tierra, ocres, marrones y negros, interrumpidos estratégicamente por el rojo de la ropa y el blanco de los textiles y el perro. Presenta un rico marco de madera tallada y dorada ornamentado con motivos florales y cartelas.
La pintura holandesa del Siglo de Oro
La pintura del Siglo de Oro neerlandés o pintura barroca holandesa se desarrolló durante un período de la historia neerlandesa que abarca el siglo XVII, durante y después de la Guerra de los Ochenta Años (1568-1648) por la independencia. Las Provincias Unidas eran la nación más próspera de Europa, liderando el comercio, la ciencia y el arte. El arte holandés tuvo que reinventarse por completo tras el brusco corte con las tradiciones culturales católicas y la antigua monarquía. La pintura de este periodo muestra muchas de las características del Barroco europeo, pero carece en su mayor parte de la idealización.
Un rasgo llamativo de la época, comparada con la pintura europea precedente, fue la escasez de pintura religiosa. Hubo pintura de historia y retratos, pero el período destaca más por una amplia variedad de otros géneros, subdivididos en numerosas categorías especializadas, como escenas de la vida campesina, paisajes, paisajes urbanos, o con animales, marinas, flores y bodegones. Los neerlandeses del siglo XVII influyeron enormemente en el desarrollo general de estos géneros.
El desarrollo y la enorme popularidad de la pintura de género es el rasgo más distintivo de la pintura holandesa de la época. En muchos casos es una figura aislada, en otros se muestran grandes grupos con motivo de un acontecimiento social. Se distinguían categorías dentro de este género: figuras solas, familias campesinas, escenas de taberna, con figuras disfrutando de música y bebida, mujeres trabajando en sus hogares, fiestas en la ciudad o en el pueblo, mercados, establos con caballos o animales de granja… Cada clase tenía un término específico en neerlandés, pues no existía un término genérico que designase a todas estas «escenas de género».
Estas obras reflejaron la creciente prosperidad de la sociedad holandesa. Los ambientes se hicieron progresivamente más cómodos, opulentos y cuidadosamente representados conforme fue avanzando el siglo.


























