Descripción
Cera sobre papel “Costa italiana” realizada por el pintor español Timoteo Pérez Rubio durante el siglo XX. El pintor retrata un paisaje propio de una costa italiana mediterránea. El punto de vista desde el que percibimos la obra es desde lo alto de una colina, la cual configura el primer plano de la obra, junto a árboles y ramas que entorpecen la mirada del espectador pero que aporta una sensación de realismo. El fondo lo compone un pueblo costero italiano, donde se pueden distinguir casas en la parte izquierda y el puerto en la parte central, donde se aprecian barcos varados. El trazo es propio de la tradición impresionista que sigue el artista, un trazo ligero y rápido, que en algunos casos solamente presenta manchas. El dibujo queda en segundo lugar para dar paso al color, mediante el cual compone la obra, colores como el verde, el marrón oscuro o el azul, el cual destaca sobre toda la obra. En la parte inferior derecha se encuentra la firma del autor.
En la trayectoria del autor se puede apreciar una clara evolución, que inicia con una tendencia en su formación que sigue los pasos del impresionismo francés. Esta vinculación se debe a una exposición en 1918 en Madrid, donde conoció la obra de estos artistas, principalmente Monet, Camille Pissarro y Santiago Rusiñol. Posteriormente incorpora las nuevas tendencias vanguardistas, que conocerá durante su estancia en el exterior, como la influencia cubista o surrealista. En su obra predomina el paisaje, aunque también se pueden encontrar numerosos retratos, como los que realizó a su mujer, Rosa Chacel, y diversos conocidos.
Natural de Badajoz, comenzó su formación artística en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal. En 1915 se trasladará a Madrid para continuar su formación en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde disfrutará de una beca de paisajes en la Escuela del Paular. Allí será donde conozca a su futura esposa, Rosa Chacel, con quien se casará en 1922. Ese mismo año acude a Roma, vinculado a la Academia de España, su estancia, prolongada hasta 1928, será crucial en su trayectoria pictórica, consolidándose como un gran pintor paisajista a modo de los impresionistas franceses.
A su regreso a España se incorpora a la Segunda Sociedad de Artistas Ibéricos, en la cual introduce las nuevas tendencias vanguardistas. Esto le permitió conseguir su primera medalla durante la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1932 y la subdirección del Museo de Arte Moderno de Madrid a partir de 1933. Tras el comienzo de la Guerra Civil Española jugará un papel fundamental en la defensa del patrimonio artístico español, siendo el encargado de trasladar las obras más importantes de Madrid, en especial las del Museo del Prado, las cuales serán trasladadas a Valencia, y posteriormente a Ginebra. Esta alineación con el bando republicano fue el causante de su exilio una vez acabada la guerra. Timoteo se estableció en Río de Janeiro, Brasil, donde continuó su labor artística durante el resto de su vida. Tras años antes de su muerte vuelve a España en 1974, por primera y última vez tras el exilio, para acudir a una exposición de su obra en la Biblioteca Nacional.
Se trata de una obra muy especial por su exclusividad y procedencia, pues procede de la colección de la herencia de la pareja de artistas Timoteo Pérez Rubio y Rosa Chacel.
























