Descripción
Exquisita pareja de altorrelieves de querubines datados en el siglo XVIII, probablemente pertenecientes a la escuela castellana.
Son dos piezas de altorrelieves rectangulares en madera tallada, policromada y dorada. Se presentan dos querubines de rostro sonrojado, cabellos castaños y acaracolados sobre unos pares de alas doradas. Parecen emerger de una vorágine, de una masa de nubes que hace las veces de base del relieve. Posiblemente podrían formar parte de un conjunto mayor como un retablo o algún otro elemento de ornamento litúrgico.
Presenta leves marcas de uso debidas a su antigüedad y uso, que no afectan a la visión global de las piezas.
Sobre la figura bíblica de los querubines y sus representaciones escultóricas
En la tradición judeocristiana, los querubines nacen como seres de función teofánica y protectora, es decir son guardianes del Edén, custodios del Arca y acompañantes de la presencia divina. En la iconografía medieval, influida por el teólogo y místico bizantino Pseudo-Dionisio Aeropagita, se les identifica con el segundo coro angélico, asociado al conocimiento perfecto de Dios. Por eso en escultura pueden representarse como figuras aladas complejas o como cabezas infantiles con alas, insertas en capiteles, portadas o relieves litúrgicos.
A partir del Renacimiento su imagen se humaniza y se fusiona con el putto clásico, fijando el modelo del rostro infantil alado tan habitual en retablos y programas barrocos. En este contexto su función pasa a ser principalmente decorativa y devocional, actuando como símbolo de gloria, pureza y cercanía de lo sagrado, así como elemento de transición visual entre la escena terrenal y el ámbito divino.






























