Descripción
Magnífico paisaje, obra de Timoteo Pérez Rubio (1896-1977), quien compone un paisaje urbano, pero con una fuerte carga de la naturaleza, conviviendo ambos paisajes en la misma obra. Presenta una vista en perspectiva, conseguida a través de planos sucesivos en diagonal de diferentes elementos. En el primer plano se encuentra una serie de casas, este da paso al segundo, compuesto por una exuberante vegetación en distintos tonos verdes. En el tercer plano se encuentran la montaña y un camino sobre el que pasean una mujer y un niño. Este camino crea otra diagonal que rompe en el último plano horizontal con el mar y el cielo.
En la obra predomina el color azul, pues este se usa para formar el cielo, el mar, la vegetación y la montaña, aunque en estos últimos se ayuda de tonalidades verdes y marrones, respectivamente. El trazo es rápido y sin definir, algo propio de su trayectoria y de su formación impresionista en la Academia.
En la trayectoria del autor se puede apreciar una clara evolución, que inicia con una tendencia en su formación que sigue los pasos del impresionismo francés. Esta vinculación se debe a una exposición en 1918 en Madrid, donde conoció la obra de estos artistas, principalmente Monet, Camille Pissarro y Santiago Rusiñol. Posteriormente incorpora las nuevas tendencias vanguardistas, que conocerá durante su estancia en el exterior, como la influencia cubista o surrealista. En su obra predomina el paisaje, aunque también se pueden encontrar numerosos retratos, como los que realizó a su mujer, Rosa Chacel, y diversos conocidos.
Natural de Badajoz, comenzó su formación artística en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal. En 1915 se trasladará a Madrid para continuar su formación en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde disfrutará de una beca de paisajes en la Escuela del Paular. Allí será donde conozca a su futura esposa, Rosa Chacel, con quien se casará en 1922. Ese mismo año acude a Roma, vinculado a la Academia de España, su estancia, prolongada hasta 1928, será crucial en su trayectoria pictórica, consolidándose como un gran pintor paisajista a modo de los impresionistas franceses.
A su regreso a España se incorpora a la Segunda Sociedad de Artistas Ibéricos, en la cual introduce las nuevas tendencias vanguardistas. Esto le permitió conseguir su primera medalla durante la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1932 y la subdirección del Museo de Arte Moderno de Madrid a partir de 1933. Tras el comienzo de la Guerra Civil Española jugará un papel fundamental en la defensa del patrimonio artístico español, siendo el encargado de trasladar las obras más importantes de Madrid, en especial las del Museo del Prado, las cuales serán trasladadas a Valencia, y posteriormente a Ginebra. Esta alineación con el bando republicano fue el causante de su exilio una vez acabada la guerra. Timoteo se estableció en Río de Janeiro, Brasil, donde continuó su labor artística durante el resto de su vida. Tras años antes de su muerte vuelve a España en 1974, por primera y última vez tras el exilio, para acudir a una exposición de su obra en la Biblioteca Nacional.
Se trata de una obra muy especial por su exclusividad y procedencia, pues procede de la colección de la herencia de la pareja de artistas Timoteo Pérez Rubio y Rosa Chacel.





















