Descripción
Excepcional óleo sobre lienzo del artista de origen español Juan Valenzuela y Chacón, en el que se representa un original y expresivo bodegón o naturaleza muerta. El fondo es neutro, de color ocre oscuro, y los distintos elementos se disponen sobre un mantel blanco.
Con una pincelada suelta y empastada, el artista crea una atmósfera verdaderamente onírica y simbólica, como si la obra surgiera de nuestros recuerdos. Un fondo que juega con una amplia gama de tonos ocres da lugar, en el centro de la obra, a una composición de corte expresionista que juega con frascos y botellas de vidrio que se mezclan con tonos azules que parecen tener vida propia. El volumen de la composición se realza añadiendo un barniz más intenso, aplicado en capas que se fusionan a la perfección con el bodegón, integrándose en él.
La luz, muy importante en la obra de Valenzuela y Chacón, es crucial en la creación del espacio/tiempo; siempre hay un foco luminoso que genera esperanza y una mente abierta a la interpretación.
Juan Valenzuela y Chacón (Madrid, 1932-)
Juan Valenzuela y Chacón fue un pintor español nacido en 1932 en Madrid. Estudió en la Escuela de Bellas Artes, lo que marcó su formación básica en artes plásticas. También cursó estudios en la Facultad de Medicina, donde se doctoró y llegó a ocupar la Cátedra de Histología, una combinación inusual que sugiere una personalidad intelectual, con intereses más allá del arte. Posteriormente trabajó en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y se licenció en Filosofía y Letras, lo que refuerza su perfil de artista con una base humanística amplia.
Su obra está especialmente influida por numerosos viajes por Europa, África y América, experiencias que enriquecieron su mirada estética. Artista extraordinario que, con un potente uso del color y un amplio concepto pictórico, envuelve sus paisajes y bodegones con una técnica robusta y precisa, y una luz muy personal, característica definitoria de su estilo. Descubre en ellos una armonía hermosa y compleja. Su discurso pictórico busca lograr una poderosa emoción en sus obras. Persigue de manera incansable la huella de un estilo personal que lo distingue de otros pintores contemporáneos, con un estilo a la vez fuerte y delicado, que le permite expresar todos los estados de su espíritu.
En enero de 1957, obtuvo la tercera medalla en la sección de grabado y dibujo del XXVIII Salón de Otoño, uno de los certámenes más importantes del arte español de su tiempo.





























