Descripción
Espectacular óleo sobre lienzo firmado por el artista José María García Fernández, más conocido como “Castilviejo”, hacia la década de 1980. Representa una escena costumbrista, rural, en la que un grupo de mujeres se encuentran tejiendo reunidas en la calle, frente a sus casas. Tras ellas se encuentra un pueblo característico castellano, con una iglesia en lo alto y un pequeño monte tras ella.
El costumbrismo fue una tendencia o movimiento artístico que reflejó los usos y costumbres de la sociedad, referidos a una región o país concreto y al conjunto de su folclore tradicional. Surgió en Europa, especialmente en España y Francia, durante los siglos XVIII y XIX. Buscaba retratar la vida diaria, a menudo con un enfoque en las clases populares, campesinas o urbanas, capturando momentos que reflejaban la identidad cultural, el folclore y los hábitos locales. Lo habitual es que los protagonistas no fueran grandes figuras históricas, sino gente del pueblo. En España, el costumbrismo tuvo un desarrollo notable, especialmente en el siglo XIX, y fue una respuesta a los rápidos cambios sociales y económicos que trajo la industrialización.
José María García Fernández, “Castilviejo” (1925-2004)
José María García Fernández fue un destacado pintor zamorano que dejó una profunda huella en el panorama artístico de la región y más allá. En sus obras destaca la temática rural, influido fuertemente por el paisaje de la meseta castellana. Pero también se dedicó a los retratos y escenas de la vida cotidiana, en las que reflejaba la vida sencilla de los personajes de los pueblos zamoranos y castellanos, mostrando un profundo respeto y cariño por las personas que representaba, capturando su carácter y dignidad.
A través de su obra, contribuyó a que las generaciones futuras pudieran apreciar el patrimonio cultural y paisajístico de Zamora, y su influencia sigue viva en los artistas de la región. Su obra es un recordatorio de la importancia de preservar la belleza de lo cotidiano y de nuestra conexión con la tierra.
En el año 2002 se le otorgó la Medalla de Oro de las Bellas Artes de Castilla y León como reconocimiento a su labor artística.



























