Descripción
Excepcional pareja de putti o ángeles triunfantes en madera tallada, tradicionalmente asociados al barroco italiano o francés. Probablemente de finales del siglo XVIII. Rostros dulces y formas ampulosas, con el cabello rizado y gran dinamismo en piernas y brazos, que presentan levantados hacia el cielo. Servían como ornamento en iglesias, altares o partes del mobiliario y se interpretan como símbolo de gracia celestial. Su presencia evoca ese espíritu decorativo genuino que combina función ornamental con simbolismo religioso o alegórico.
En la tradición judeocristiana, los querubines nacen como seres de función teofánica y protectora, es decir son guardianes del Edén, custodios del Arca y acompañantes de la presencia divina. En la iconografía medieval, influida por el teólogo y místico bizantino Pseudo-Dionisio Aeropagita, se les identifica con el segundo coro angélico, asociado al conocimiento perfecto de Dios. Por eso en escultura pueden representarse como figuras aladas complejas o como cabezas infantiles con alas, insertas en capiteles, portadas o relieves litúrgicos.
A partir del Renacimiento su imagen se humaniza y se fusiona con el putto clásico, fijando el modelo del rostro infantil alado tan habitual en retablos y programas barrocos. En este contexto su función pasa a ser principalmente decorativa y devocional, actuando como símbolo de gloria, pureza y cercanía de lo sagrado, así como elemento de transición visual entre la escena terrenal y el ámbito divino.





























