Descripción
Refinado retrato de una joven noble o aristócrata realizado en pastel sobre papel, firmado por Edmond Jewrin y fechado en 1843. Se le representa en tres cuartos, sentada en una butaca, con una expresión inocente, y la cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda, mirando directamente al espectador. Viste un hermoso vestido blanco de encaje y hombros descubiertos, mientras los brazos reposan en su regazo.
El tocado de hojas no es un simple adorno estético, sino que forma parte del lenguaje codificado de la moda y el romanticismo de la época, simboliza la fidelidad, el matrimonio y el afecto inquebrantable. Además, durante las décadas de 1840 y 1850, hubo una fuerte influencia de la mitología clásica en los peinados formales de la corte. Adornar el cabello con guirnaldas de hojas (estilo corona de laurel o de Baco) evocaba a las ninfas y diosas de la naturaleza, proyectando una imagen de pureza, juventud y conexión con la naturaleza.
A pesar del fondo neutro y plano, en un azul pastel, el artista consigue generar espacio empleando una técnica cuidada y precisa, que consigue representar de manera detallada los dulces rasgos faciales de la retratada. Sigue la estela de los grandes retratistas del siglo XIX de la escuela centroeuropea, con autores como Franz Xaver Winterhalter. Conserva su marco original, de madera, ovalado y revestido de dorado; protegido con cristal.
En ocasiones se ha denominado al siglo XIX “El Siglo del Retrato”. Desde su mismo nacimiento, el retrato estuvo asociado a personajes dotados de un poder económico, social o político que deseaban mostrar y perpetuar, pero vivió su época dorada durante este siglo, especialmente a lo largo del último tercio, pues se convirtió en una forma de distinción codiciada entre las personas que podían pagarlo. Se extendió a todo tipo de técnicas: pintura, escultura, medallística, miniatura, acuarela, dibujo, aguafuerte, litografía, fotografía… Por otra parte, la influencia de la fotografía y la aproximación de las artes al realismo llevó a representar las efigies con un naturalismo cada vez mayor.
Una obra magnífica que enriquece visualmente cualquier ambiente, añadiendo distinción y narrativa histórica.



























