Los “torcidos y tremidos” son dos motivos ornamentales desarrollados con profusión durante el barroco portugués o en el llamado “Estilo Nacional”, alrededor de los siglos XVII y XVIII. Siendo a partir de este último cuando se readaptan las formas ornamentales, las formas se vuelven más elegantes y curvas, como los conocidos estilos “Don Juan V” y “Don José”, ambos auspiciados por el oro de Brasil, lo que permitía crear unos muebles más lujosos, propio de la estética francesa que predominaba en toda Europa. El “Estilo Nacional” se caracteriza por una estética barroca sobria y robusta de fuerte herencia artesanal; esto se debe al uso predominante de maderas nobles y oscuras, procedentes, en muchas ocasiones, de las colonias. Destaca su característica ornamentación geométrica basada en tremidos y el uso generalizado de elementos torneados en espiral, los torcidos, en patas y columnas.

Bargueño portugués del siglo XVIII.
Los torcidos hacen referencia al labrado de la madera en forma helicoidal, de ahí su descriptivo nombre. Trataban de imitar las simbólicas columnas del Templo de Salomón, dando origen al término “salomónico” para nombrar este tipo de columnas, las cuales podemos encontrar en muchos retablos de época barroca, en especial los realizados por la familia de escultores churriguerescos. En el mueble portugués, esta técnica se llevó a un nivel de maestría excepcional, no se trataba de una talla directa a mano alzada sobre un bloque rígido, sino de un trabajo mixto. Primero, el carpintero utilizaba un torno de pedal o de ballesta para dar la forma cilíndrica básica y marcar los canales guía. Después, con gubias y escofinas, esculpía manualmente las espirales profundas y las pulía minuciosamente con piel de pescado y piedra pómez para lograr un acabado sedoso y brillante. El objetivo principal era el dinamismo. Su aplicación en el mobiliario tiene una finalidad puramente estética, en lugar de usar patas o columnas rectas que transmitieran rigidez y pesadez, los giros helicoidales daban la ilusión de que el mueble «crecía» o de que las estructuras estaban en movimiento constante.

Bufete portugués del siglo XVIII.
Tremido procede del portugues, viene de tembloroso o estremecido. A diferencia de los torcidos, que son influenciados por la cultura española, los tremidos son una de las más destacables aportaciones de la ebanistería lusa de la época. Consiste en crear un relieve texturizado, repetitivo y geométrico que imita un zigzag o un oleaje continuo. Para lograr estas molduras a mano requería una regularidad matemática, por ello, los talleres portugueses, perfeccionaron un ingenioso artilugio: el torno o cepillo de vaivén. Un tipo de guillotina mecánica o cepillo con una cuchilla dentada sujeta a un patrón ondulado que, al pasar la madera, la cuchilla subía y bajaba rítmicamente, plasmando el patrón y esculpiendo las ondulaciones de manera exacta. El surgimiento de este motivo ornamental se debe a que los muebles de la época se hacían en maderas de importación colonial, las cuales eran muy oscuras, densas y sobrias, como el palosanto de Brasil o el ébano. Al no tener vetas claras o dorados vistosos, el mueble se veía plano, por lo que este patrón rítmico rompía la superficie lisa. Además, cuando la luz de las velas incidía sobre el relieve en zigzag, se creaba un juego óptico de luces y sombras, el mueble parecía vibrar, brillar o estar texturizado.

Contador o Gabinete del barroco portugués, siglo XVIII.