Descripción
Espléndida licorera o boîte à liqueur “bodega de licores” francesa, en madera de palosanto, ébano y ormolú, de época Napoleón III (hacia 1880). Se trata de un mueble de pequeñas dimensiones, de extremo refinamiento.
En su origen estaban destinados a acompañar y embellecer los largos viajes en carruaje. La caja se abre para exhibir de manera elegante los licores y el lujoso servicio de cristalería que alberga su interior, de cristal de Baccarat grabado al ácido siguiendo un patrón de elementos vegetales y filo dorado. La casa francesa Baccarat es referente en la fabricación de cristal de gran calidad. Fundada en 1764, Baccarat nace del esfuerzo de un grupo de artesanos en conseguir la mayor pureza en el cristal. Son considerados auténticos artistas de este delicado material que perfeccionaron sus habilidades generación tras generación.
Durante el siglo XIX, las licoreras se convirtieron en un símbolo de lujo y un objeto de decoración esencial, coincidiendo con el consumo de la naciente burguesía y su gusto por el lujo y la decoración. Se estableció como un regalo de bodas típico de esta época francesa. Sus formas y decoraciones se fueron desarrollando, y fue durante el periodo de Napoleón III cuando llegaron a adquirir su máximo esplendor y refinamiento.
Se trata de una obra de primera calidad, realizada en madera preciosa. En el interior se encuentra una suerte de soporte o bandeja compartimentada donde se colocan los decantadores y copas de cristal, que se puede extraer gracias al tirador de ormolú.
Estilo y época Napoleón III o Segundo Imperio
El estilo Napoleón III o Segundo Imperio recibe su nombre debido a que nació en Francia en aquel momento. Estrictamente, el Segundo Imperio fue proclamado en 1852 y terminó en 1870, dirigido por Luis Napoleón Bonaparte como emperador de los franceses, aunque en el sentido artístico se extiende unos años más (hasta 1880). Dicho estilo tuvo una gran acogida entre la burguesía francesa. El propio emperador estuvo involucrado en el desarrollo artístico del momento, aunque más ligado con la arquitectura. Sin embargo, es a la emperatriz Eugenia a quien se le debe la evolución de las artes decorativas.
Aunque se inspira en los estilos del pasado, empezando por la Antigüedad Clásica, el Renacimiento, incluso en el Luis XVI, muy querido por Eugenia, la característica más representativa del estilo es la suntuosidad y ostentación, aspirando siempre a mostrar la riqueza y opulencia.
No es un estilo diseñado específicamente para el Segundo Imperio, sino una recuperación de los diferentes grandes estilos franceses de los siglos anteriores, una especie de recopilación de las tendencias decorativas francesas. Se hace especial referencia al Luis XIV, Luis XV, Barroco y Rococó, y poco a poco el Luis XVI, de base eclecticista. En definitiva, los estilos decorativos que habían posicionado a Francia a la cabeza del interiorismo y diseño de mobiliario en Europa, tanto por calidad como por originalidad y belleza.
Son piezas con una gran ornamentación. Algo muy común era la aplicación de elementos que simulasen bronce, como en este caso el fileteado de latón. Las tapicerías también vivieron un momento de esplendor, ocultando casi por completo la estructura de las sillas y sillones. Se optó habitualmente por las maderas oscuras, o teñidas o lacadas en colores oscuros, que se armonizaban con las ricas tapicerías y los detalles en dorado.
El estilo pronto se expandió por otros países europeos, tomando otros nombres. En Reino Unido y sus colonias se conoce como estilo victoriano, aunque con algunas diferencias.


























